
- El mayor fraude de los sistemas de datos biométricos radica en que son promocionados bajo la excusa de la seguridad y la comodidad
- Sin embargo los datos biométricos no son capaces de garantizar la seguridad, por el contrario, al ser datos personalísimos permite la posibilidad de que se provoquen daños irreversibles
- El objetivo verdadero detrás del despliegue de estos sistemas digitales es el establecimiento de un sistema económico draconiano potenciado con las herramientas digitales.
- Esto potencia un ambiente de mayor control estatal y corporativo.
La biometría ha sido ampliamente impuesta como un avance tecnológico revolucionario que promete una seguridad mejorada, procesos de autenticación optimizados y una infraestructura digital más eficiente.
Desde las huellas digitales y el reconocimiento facial, hasta el iris y la identificación de voz, los sistemas biométricos se han integrado en la vida pública forzosamente, siendo introducidos en diversos sectores, incluidos los servicios bancarios, tiendas online, los sistemas gubernamentales y el control de areas públicas.
La narrativa que rodea la biometría enfatiza su potencial para combatir el fraude de identidad, reducir el robo y mejorar la seguridad personal. Sin embargo, un examen más profundo y crítico revela que estas afirmaciones suelen ser demasiado optimistas y, en muchos casos, engañosas.
La ilusión de la seguridad
A primera vista, la adopción de soluciones biométricas parece ser un método sencillo para frustrar el robo de identidad y las actividades fraudulentas.
Lo que plantean los promotores es un claro engaño a la percepción: los rasgos biológicos son únicos para cada individuo, haciéndolos identificadores aparentemente ideales.
Sin embargo, esta suposición ignora deliberadamente la compleja y defectuosa realidad de los sistemas biométricos de seguridad.
Los datos biométricos pueden ser mucho más facilmente comprometidos, falsificados, robados y manipulados.
Además, los identificadores biométricos no son reeplazables como las contraseñas; una vez comprometidos, los individuos no pueden simplemente «restablecer» sus huellas dactilares o patrones de iris.
Ha habido numerosos casos de bases de datos biométricas siendo hackeadas, dando lugar a un posible uso indebido de datos personales sensibles.
Peor aún los sistemas biométricos son más vulnerables a diversas formas de falsificación y engaño. Fotografías de alta calidad, máscaras o huellas digitales artificiales pueden engañar con facilidad a los escáneres, haciendo cuestionable la supuesta infalibilidad de la autenticación biométrica.
La biométrica es un fraude mayor
Contrariamente al cansador discurso de la biometría como panacea de seguridad, cada vez más evidencia la expone como una de las formas más significativas de fraude y engaño en la actualidad.
Los gobiernos y las corporaciones presentan la biometría como infalible, pero esta fraudulenta promesa esta lejos de ser verdad. El interez en los datos biometricos no radica, en ninguna preocupación por la seguridad.
Su objetivo es la legitimación de un sistema económico digital, profundamente draconiano y explotador, el cual funciona al convertir todo en un "token".
Para esto necesita la fusión de la "identidad real" de las personas con una "identidad digital", la conexión entre ambas pretenden garantizarla o legitimarla con los datos biometricos.
Ya que autentificarán en todo momento que los datos recolectados en el ambito digital pertenecen "legalmente" de forma "exacta" al sujeto identificado.
Por lo tanto cuando prometen privacidad en el establecimiento de los sistemas de identidad digital, están engañando a la población con un discurso ambigüo, empleando una definición fraudulenta de "privacidad".
Ellos se refieren a que los civiles entre ellos no tendrán acceso a datos de otros, sin embargo sistemas de IA, corporaciones e insituciones, tendrán un control y acceso completamente impune sobre la vida privada de las personas.
El despliegue generalizado de sistemas biométricos facilita en consecuencia, la vigilancia masiva, la recopilación de datos sin consentimiento explícito y el uso indebido de información personal. La recopilación y el almacenamiento de datos biométricos crean una huella digital permanente, que plantea graves riesgos de privacidad.
Además, en el ambito de las herramientas digitales es inevitable de que se recopilen y almacenen datos biométricos sin una transparencia ni responsabilidad alguna, lo que genera preocupación por la captura de datos sin consentimiento y el uso indebido de los mismos.
Los gobiernos y las entidades privadas han sido descubiertos usando datos biométricos para propósitos más allá de las intenciones originales, incluyendo rastreo de individuos, represión política y control social. La narrativa de la biometría como herramienta para la seguridad personal y la fácilidad, enmascara que su principal funcionalidad es como mecanismo de control.
El verdadero motivo: un mayor control y opresión estatal
Un análisis crítico sugiere que la motivación principal detrás de la proliferación de sistemas biométricos no es mejorar la seguridad individual, sino ampliar el control gubernamental sobre la población civil.
La biométrica permite niveles sin precedentes de vigilancia, permitiendo a las autoridades monitorear, registrar y analizar los movimientos, comportamientos y asociaciones de ciudadanos con una supervisión mínima. Esta infraestructura tecnológica facilita el paso de las formas tradicionales de gobernanza a una forma de control social más generalizada y basada en datos.
Cientos de casos recientes nos demuestran que los avances tecnológicos utilizados con fines de supuesta seguridad suelen servir como herramientas de opresión.
La creciente implementación de identificaciones biométricas, bases de datos nacionales e infraestructura de vigilancia se encuentra claramente ligada con el endurecimiento del control estatal, la represión de la disidencia y la erosión de las libertades civiles.
En muchos regímenes, se han empleado sistemas biométricos para identificar, rastrear y reprimir a opositores políticos y activistas bajo el pretexto de la seguridad.
Implicaciones éticas y sociales
Más allá de las preocupaciones de seguridad y privacidad, la adopción generalizada de la biométrica plantea también profundas cuestiones éticas.
El potencial de uso indebido, discriminación y marginación basado en sistemas de identificacion digital son imposibles de ignorar.
Por ejemplo, los sistemas biométricos han demostrado sesgos, debido al "material" con el cual se instruye a los modelos de IA, lo que permite imponer un control sesgado por parte de las instituciones, mientras que la población cree que es un sistema "preciso"
Socialmente, la normalización de la vigilancia biométrica fomenta un clima de sospecha y conformismo. El conocimiento de que los datos biométricos son monitoreados y almacenados constantemente puede causar la erosión de la libre expresión y fomenta la autocensura.
Cambia las normas sociales degradándolas por un sistema méramente burocrático de carácter monótono y conformista, reduciendo la autonomía individual y fomentando un entorno de supervisión generalizada.
No es difícil concluir que la biométrica representa uno de los engaños modernos más significativos: herramientas que pueden ser aprovechadas para la vigilancia masiva, el control social y la opresión.
Reconocer estas cuestiones es crucial para entender la naturaleza sobre el despliegue de los sistemas biométricos y defender las libertades civiles en un mundo cada vez más digitalizado.
Como ha demostrado la historia, los verdaderos motivos de la adopción tecnológica suelen ser más complejos y menos benignos de lo que sugieren las narraciones oficiales.
